Tratar la dieta y el ejercicio físico como compartimentos estancos es un error común. La nutrición provee el combustible y los bloques constructores; el movimiento estimula la demanda y la eficiencia con la que se utilizan.
El estímulo de la contracción muscular
Cuando los músculos se contraen durante el movimiento, liberan mioquinas al torrente circulatorio, que actúan como hormonas mensajeras enviando señales al tejido adiposo, hígado y cerebro. Este proceso mejora la sensibilidad a la insulina y optimiza la partición de nutrientes, haciendo que los carbohidratos consumidos se almacenen preferentemente como glucógeno muscular en lugar de convertirse en grasa de depósito.
No veas el ejercicio como un castigo para quemar calorías comidas, sino como el estímulo necesario para que los nutrientes construyan un cuerpo fuerte y funcional.