Llegar a casa cansado, con hambre y sin nada preparado en la nevera es el desencadenante más habitual de elecciones precipitadas poco nutritivas. Dedicar hora y media a la planificación semanal resuelve este dilema.
Preparar componentes, no platos terminados rígidos
En lugar de cocinar menús cerrados para cada día, la estrategia más flexible consiste en cocinar bases intercambiables:
- Dos fuentes de hidratos complejos: Cocer un recipiente de arroz integral y hornear una bandeja de dados de boniato o patata.
- Dos fuentes de verduras preparadas: Asar calabacín, pimiento y berenjena, y dejar lavada una ensaladera de hojas verdes secas en un envase con papel absorbente.
- Proteínas listas para montar: Cocer huevos duros, hornear tiras de pechuga de pollo y disponer de botes de legumbres cocidas de buena calidad.
Con estos ingredientes en recipientes herméticos, ensamblar una comida o cena equilibrada entre semana toma menos de cinco minutos.