Llegar a casa cansado, con hambre y sin nada preparado en la nevera es el desencadenante más habitual de elecciones precipitadas poco nutritivas. Dedicar hora y media a la planificación semanal resuelve este dilema.

Preparar componentes, no platos terminados rígidos

En lugar de cocinar menús cerrados para cada día, la estrategia más flexible consiste en cocinar bases intercambiables:

  1. Dos fuentes de hidratos complejos: Cocer un recipiente de arroz integral y hornear una bandeja de dados de boniato o patata.
  2. Dos fuentes de verduras preparadas: Asar calabacín, pimiento y berenjena, y dejar lavada una ensaladera de hojas verdes secas en un envase con papel absorbente.
  3. Proteínas listas para montar: Cocer huevos duros, hornear tiras de pechuga de pollo y disponer de botes de legumbres cocidas de buena calidad.

Con estos ingredientes en recipientes herméticos, ensamblar una comida o cena equilibrada entre semana toma menos de cinco minutos.